niños mirando por la ventana sin poder salir a la calle por el coronavirus

Salir o No Salir… That is The Question.

¿SALIR O NO SALIR? THAT IS THE QUESTION…

Hace ya más de 10 días que empezó el camino de vuelta a la “nueva normalidad”, al menos aquí en España, después de que el Gobierno declarara el estado de alerta. Y empezó con el desconfinamiento de los más pequeños de la casa, los menores de 14 años podrían salir a la calle después de 43 días de aislamiento cumpliendo, claro está, ciertas condiciones de seguridad. Normas que en un principio no parecían estar muy bien definidas, lo que despertó suspicacias en la población, en padres y madres, especialmente.

Como es lógico, los días previos a la fecha establecida, “la salida de los niños” era el tema estrella de conversación en las llamadas telefónicas con familiares y amigos, en televisión, en redes sociales y grupos de Whatsapp, generando debates “encarnizados entre aquellos que estaban a favor y los que estaban en contra de esta medida.

En mi opinión, quizá no era el mejor momento para sumar crispación a una situación ya de por sí difícil e injusta. Es imposible conocer las circunstancias que se dan en cada hogar, cada cual vive su realidad, una realidad que desconocemos, de modo que quizá no deberíamos juzgar, evitando caer en la trampa de utilizar esta situación para atacar al que opina diferente.

Y con esta premisa, no puedo más que compartir contigo en este artículo, lo que nosotros hemos vivido en estas semanas en casa y la decisión que hemos tomado frente al desconfinamiento, una realidad que sí conocemos en profundidad.

niños mirando por la ventana sin poder salir a la calle por el coronavirus

 

CÓMO HEMOS VIVIDO EN CASA LAS CONSECUENCIAS DEL AISLAMIENTO

He de reconocer que desde que estalló esta situación, de un modo instintivo, me alejé del exceso de información, del bombardeo a través de grupos y redes sociales sobre el Covid-19 y todo lo que le rodea. Si lo pienso, son varias las razones que me llevan a actuar así, pero en general, es un impulso guiado por la necesidad de protección, la necesidad de no generar más angustia e incertidumbre en mi día a día y en el de mi familia. Evitar la sobreinformación y la manipulación, no sólo la que me llega a mí a través de los medios y grupos sociales, sino también, y muy especialmente, la que les llega a ellos, a mis hijos.

Esto no quiere decir que vivamos en una burbuja en la que no somos conscientes de la realidad mundial, ni que nuestros hijos vivan ausentes o engañados acerca de la pandemia. Al contrario, ellos conocen perfectamente, la situación que estamos viviendo.

Como probablemente sepas, tengo dos hijos de 5 años y medio y de 2 años y medio, y desde el principio conocen la existencia de este virus, lo hemos estudiado, conocemos sus efectos y cómo podemos cuidarnos de él. De este tema, como de muchos otros, procuro hablarles a mis hijos con transparencia y les facilito una información adaptada a su edad para que puedan comprenderla.

Les hemos ayudado a entender que ellos también pueden ayudar y colaborar a que esta situación se resuelva, que tienen su parte de responsabilidad y saberlo, lejos de angustiarles, les ha hecho sentirse útiles, “tenidos en cuenta” y muy importantes, puesto que se ven a sí mismos como pequeños superhéroes que tienen un gran poder en sus manos, quedarse en casa.

Desde un principio, he querido ayudarles a cambiar la mirada ante esta situación, haciendo hincapié en los aspectos positivos de estar aislados en casa. Y es que estas semanas nos han regalado momentos únicos e irrepetibles, y que además, los hemos podido vivir en familia.

Quizá cueste creerlo, porque no está siendo fácil, pero seguro que tú también tienes muchos recuerdos preciosos que se han dado en vuestra casa estas semanas, y por los que te sientes agradecida o agradecido. Para nosotros, por ejemplo, una de las grandes razones para estar felices y que nos ha hecho sobrellevarlo mucho mejor, ha sido el hecho de que mis hijos hayan podido disfrutar de la presencia de su padre, como no lo han podido hacer nunca, y él de ellos. Los he visto vivirlo de manera consciente y sentirse agradecidos por ello.

¡Sí! Varias veces he utilizado la palabra “agradecidos” en el párrafo anterior y no ha sido por casualidad… En este tiempo nos hemos esmerado especialmente, en poner el foco en el agradecimiento, en disfrutar de una situación difícil pero especial, por las oportunidades que nos ha brindado, por todo lo que hay de particular en estas semanas. Desde hace ya casi un año, implantamos en casa una nueva práctica que se ha convertido en una costumbre: cada noche durante la cena, dedicamos un momento a destacar algo valioso que haya pasado durante el día, y lo hacemos por turnos para que cada uno tenga la ocasión de recapacitar y expresarse.

No voy a negar que ha habido y habrá, momentos complicados, difíciles de manejar, pero como ya los hubo antes del confinamiento y como también los habrá cuando todo esto pase. Desbordamientos emocionales o secuestros amigdalíticos, como prefieras nombrarlos, no solo en mis hijos, reconozco que mi marido o yo los hemos padecido, incluso en más ocasiones y hasta con mayor intensidad que ellos. Otro gran aprendizaje…

Puede que me estés leyendo y pienses: «Esta mujer ha debido vivir una realidad paralela, en la que no hay pandemia y que cada día ha sido una explosión de felicidad y dicha». No es eso. Pero para mí no ha supuesto algo nuevo, ni una «gran dificultad» el estar tooooodooooo el día con mis hijos en casa porque, salvando, por supuesto, las diferencias con esta situación de aislamiento excepcional, esa ha sido mi maternidad desde que la iniciara hace casi 6 años.  

Como sabes, mis hijos no están escolarizados, y aunque esto no tiene nada que ver con la “escuela en casa”, homeschooling o unschooling, quisiera recalcarlo para no dar pie a malentendidos, hay momentos en los que pasamos tiempo sin salir por decisión propia o “impuesta” por diversas circunstancias o razones… y esto, sin saberlo, ha sido un entrenamiento previo que nos lo ha puesto un poquito más fácil.

Veo a mis hijos felices y serenos con este tema, pero no sólo a los míos. Hablo con amigos, familiares, conocidos que tienen niños pequeños y la respuesta es curiosamente la misma: “¡No, si realmente ellos lo llevan bien!”

Puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que somos nosotros, los adultos, los más afectados en todo esto. Los que deben lidiar con situaciones nuevas, a los que les toca ejercer de madre/padre, pero también de maestro o profesor, de compañero de juegos, de teletrabajador… Los que analizamos la actualidad y vemos el panorama que se nos presenta. Y esto nos desborda, es normal y tenemos todo el derecho a que así sea, pero finalmente, esto revierte en nuestra familia, y acaba influyendo en nuestros hijos, que reflejan nuestro estado anímico.

No quiero sumar con esto más peso del que ya de por sí recae sobre nuestros hombros, solo quiero compartir contigo esto que he aprendido después de 6 años cuidando y educando a mis hijos cada día de su vida. Y es que muchos de esos desbordamientos emocionales que he visto en ellos y que para mí, no tenían explicación aparente, han coincidido precisamente, con uno de mis “días difíciles”. 

 

CUÁL HA SIDO NUESTRA DECISIÓN POR EL MOMENTO, FRENTE AL DESONFINAMIENTO DE LOS NIÑOS

Me gusta documentarme e investigar un poco, antes de tomar cualquier decisión que involucre a mi familia, especialmente si se trata de mis hijos, y mucho más en plena pandemia. Debe ser ese ramalazo de deformación profesional que acusamos muchos de nosotros.

Encontré artículos en los que distintos especialistas de la psicología, la pedagogía y la pediatría exponían sus puntos de vista sobre el impacto que esta situación de confinamiento prolongada en el tiempo, puede tener en nuestros hijos, partiendo de la premisa que el “aislamiento” no está siendo igual para todos los niños.

He leído a psicólogos informar sobre casos de niños con pesadillas y miedos al Covid-19, niños con tendencias obsesivas de higiene y limpieza fruto de una preocupación extrema al contagio del virus. Aumentan las consultas a especialistas relacionadas con irritabilidad y preocupaciones sobre los efectos del virus, más nerviosismo, etc. Y hay psicólogos que afirman que este encierro prolongado podría ocasionar traumas y se verían muchos problemas conductuales.

De modo que  cuando nos llegó la noticia del desconfinamiento para los menores de 14 años, decidimos tratarlo en una asamblea familiar en la que les hicimos saber que en pocos días podrían salir a la calle con ciertas medidas de prevención. Nos limitamos a informar y preguntar para saber su punto de vista. ¿Quién mejor para opinar de este tema que ellos mismos? 

Hubo unanimidad en las respuestas: 

“Mamá nosotros nos quedamos en casa. Podemos esperar a que pase el coronavirus”

Pues, ni media palabra más.

Han pasado más de 10 días desde que los niños empezaron a salir y mis hijos los ven jugar en las zonas ajardinadas que hay justo al frente de nuestro bloque, desde el pequeño balcón del salón. Y yo les pregunto cada día si ellos quieren salir, y su respuesta, de momento, es siempre la misma: 

“¡Claro que sí, cuando pase el coronavirus!”

No soy la única que les pregunta, es la conversación del momento con abuelos, tíos, primos y amigos. Y ellos tienen muy clara su decisión. Hacen planes para cuando todo esto pase pero, no quieren salir, y no veo un atisbo de miedo en su decisión, veo el deseo y la madurez de querer hacer lo que está en sus manos, cuidar y cuidarse.

Esa es su opinión, pero puede que te estés preguntando cuál es la mía.

Pues bien, si ellos quisieran salir, lo aceptaría y tomaría todas las precauciones que se aconsejan, (… y otras nuevas que me inventaría yo solita. De esto estoy segura) para salir con mis hijos a la calle. Pero reconozco que no creo que sea el momento de hacerlo.

No confío lo suficiente en una nueva medida tomada por un Gobierno que ha sido una constante de malas decisiones, y cuya transparencia y buen hacer han brillado por su ausencia.

Respeto, por supuesto, a aquellas familias que quieran salir y a las que se quieran quedar en casa. Es una decisión personal que cada cual debe tomar en base a sus circunstancias, sus necesidades, su realidad y la información de la que dispone, siempre y cuando lo hagan de manera responsable y respetuosa.

Nos gustaría conocer cuál ha sido vuestra postura frente al desconfinamiento, cómo se sienten vuestros hijos ante el cambio después de tanto tiempo en aislamiento y, por supuesto, cómo te sientes tú. Si quieres compartirlo con nosotros, puedes hacerlo en comentarios y estaremos encantados de leerte. 

Quisiera despedirme con una frase que creo que nos puede inspirar a muchos de nosotros estos días. Espero que te guste y te ayude. 

«La felicidad la encuentras en los pequeños gestos cotidianos, en los silencios escuchados, en los huecos llenos, en sonrisas regaladas y en el amor vivido.»

Roberto Benigni. La Vida Es Bella

 

Un abrazo muy fuerte

MaryLuz Rojas

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